Promoviendo la igualdad: La pequeña Italia y sus lecciones de multiculturalidad

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Cifras alarmantes contemplan que la discriminación racial, a pesar de todo el trabajo que se ha hecho desde los derechos humanos, es aún un factor predominante en nuestro país.

El color de nuestra piel determina en gran medida a qué trabajos podremos acceder, qué actividades podemos realizar, a qué grupos podemos pertenecer y a qué universidades podemos ingresar.

Aunque ya se ha erradicado jurídicamente todo atentado contra los derechos de la afrocolombianidad, el racismo sigue tan arraigado en la mente de tantos que aún no se alcanza la igualdad de condiciones y mucho menos la de oportunidades.

Como empresa dedicada a la promoción de la cultura gastronómica y como negocio fundado por una familia de inmigrantes, recogemos algunos antecedentes las discriminaciones sufridas por los italianos emigrantes y cómo la interculturalidad gastronómica ayudó a sanear muchos de estos vínculos.

La mayoría de los italianos emigraron después de la unificación italiana en 1861 y siguieron emigrando hasta la década de 1960. Se dirigieron mayormente hacia los Estados Unidos y hacia Argentina, aunque algunos se radicaron en Colombia, Venezuela, Brasil y Uruguay.

En Argentina se adoptaron unas políticas de inmigración que promovieron la difusión de la cultura europea.

Si bien no inmigraron italianos de clases económicas privilegiadas (como sí fue el caso de la inmigración inglesa y francesa) la gastronomía italiana fue muy bien recibida y con algunos cruces interculturales, logró posicionarse dentro de la gastronomía del país gaucho. Un plato muy famoso dentro de la cocina porteña es la Pizza Fugaceta.

Esta pizza, preparada con bases italianas, acepta algunas cualidades de la cocina argentina, como la cama de jamón y el abundante uso de la cebolla. El consumo de polenta es cuantioso, lo mismo que la preparación de las milangas (milanesas de cerdo) y de las medialunas (croissants dulces inspirados en las brioches italianas).

En el caso de los Estados Unidos, los italianos eran los más discriminados entre todos los inmigrantes: estaban tal vez uno o dos escalones más arriba de los afrodescendientes.

En las grandes ciudades estadounidenses los italianos se ubicaron todos juntos en barrios que luego se llamaron los Little Italy, las Pequeñas Italias.

Aunque aquí no tenían contacto directo con la cultura estadounidense u otras culturas de inmigrantes, sí tenían contacto con las preparaciones gastronómicas de todas las regiones italianas.

Fue así como la parmigiana di melanzane, un plato típico de Sicilia, terminó juntándose con la cotoletta alla milanese, plato típico de la región de Lombardia. Se obtuvo así una deliciosa parmigiana ítalo-americana.

Lo mismo ocurrió con el famoso espagueti con albóndigas: la pasta al ragú, típica de la región de Reggio Emilia, se juntó con la preparación de las polpette (albóndigas) sicilianas. Es este el origen del meat ball spaguetti, un plato clásico de los restaurantes italianos en los Estados Unidos.

Esta es la prueba de que la gastronomía también puede ser sinónimo de interculturalidad: la comida es amor puro y consiente nuestros apetitos más primitivos.

Crear platos interculturales nos ayuda a amar a culturas diferentes a la nuestra apreciando sus ingredientes, su elaboración y la inmensa sabiduría de sus ancestros, transmitida a través de la elaboración de sus distintos platos.

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